sábado, 23 de abril de 2011

SIN TÍTULO

Ella recordaba aquella noche de tranquilidad: después del caos todo es calma. Cerró los ojos para sentir la luz y el viento que la acariciaban. Eso la hacía sentirse no tan sola.

Un piano susurraba una melodía sencilla pero con el suficiente poder como para tocar su alma rota y sin ganas. Ya no bebía por su enfermedad y su triple ser. No sabía si estaba muriendo o si sólo disfrutaba un momento de paz profunda.

Tal vez quería quedarse ahí el resto de su vida, abrazando el desahogo y el movimiento lento de lo eterno.

Sus dedos bailaban delicadamente. Acarició el viento y las notas para ver si así podía despedirse. Siempre se encontraba en lo llenador del vacío, en la carencia de memoria, en lo torpe de sus pensamientos y movimientos.

Nunca supo llorar acompañada, siempre se aferraba a la nada y a la soledad. Quería despedirse pero todo le era inútil: no podía dejar esa estancia cómoda y consumidora. No le causaba placer, le causaba sensaciones de lo que ella era.

La inspiración brotaba de su cuerpo, pero no podía expresarse, no podía alejarse de la contemplación pasiva. Sí, estaba sola, pero era el mayor grado de apreciación estética orgasmeante, era su propio devenir, su reconocimiento en la totalidad.

Derramó una lágrima de aliento y satisfacción, de felicidad… ella se sabía rota, pero estaba viva y sentía, se originaba, pensaba y moría para nacer, para rehacerse, para coserse un nuevo ser y reformularse una nueva estancia en el mundo.

sábado, 12 de febrero de 2011

MARICONERÍAS

Sí tan sólo bastaran las palabras para expresar lo que somos, no existirían los gestos, las caricias, las miradas…

El problema no es el lenguaje, si las palabras connotan o denotan, el problema no radica en su relatividad o "mal entendimiento" de conceptos… no importa si la realidad dio paso al lenguaje o si el lenguaje dio paso a la realidad… Importa que no es la única manera de comunicarse y que a veces el silencio es la mejor manera de decir quién eres.

Sucede que nos vemos elevados en un sin fin de palabras y oraciones compuestas de ellas, pero a veces nos olvidamos que para expresarnos no sólo basta con memorizar un diccionario y decir exactamente lo que se quiere decir, usando los términos más exactos que podríamos usar, sino que un simple acercamiento de cuerpo a cuerpo basta para decir todo lo que se quiere decir… por no hablar de la música…

jueves, 27 de enero de 2011

Una vomitada en 10 min.

¿De qué te sirve la razón cuando ella misma es el principio de tus males?

Actúas por ella, ves a través de ella, te encierras en ella para vomitarla y luego pretender que es un alivio esa costumbre enfermiza.

La razón está tan incrustada en ti que te ha robado el ser: ya no eres digno de amar ni de ser amigo de los demás. Es una castración absoluta, es una razón posesiva que te impide ver a los demás, pero también es la que te puede salvar de tu propio complejo, el cual has tomado como verdad absoluta y determinante…

No le harás caso a nadie más que a ella, te robará tu existencia y te someterá a los deseos que ella se ha inventado para SOBREvivir. Y si no logras dominarla para ser tu mismo, ella te dominará tan fácilmente como a un masoquista que ama revolcarse en las orillas de la angustia y el dolor.

Hay infinidad de posibilidades de las que puedes decidir quién ser, pero tu decidiste no escoger por ti mismo más que por la maldita y putrefacta razón.

domingo, 23 de enero de 2011

ALGO DE LA NOCHE

Se ha vuelto tan presente la ausencia en mi, que ahora los demás, al dirigir su voz hacia mi entendimiento, vierten sus deseos expresivos en una espiral que va a parar a la nada. Tal vez es el hecho de creer que no es posible adentrarse en el calor de los demás, que no es posible tocar y ser tocado sin sufrir daño alguno. Tal vez es eso lo que me impulsa a vivir como vivo ahora.

Yo he decidido sólo escuchar. Escuchar a la noche sin pretensión de entendimiento, sólo escuchar por escuchar sin tener que llevar a cabo una conversación. Me siento a escuchar a las ninfas que sonríen cuando todo pareciese estar en silencio, y yo sonrío con ellas. Escucho a los árboles que respiran con impaciencia, con emoción y con ganas de gritar y festejar su ira. Escucho todo esto y más y es entonces cuando me doy cuenta que he empezado a consumirme a su lado… como cualquier alma que pretende vivir.

¿Qué tanto puede importar un alma rota en medio de la noche que todos se niegan a sentir, a explorar, a escuchar o por lo menos a brindarle algo de atención?

Han dejado de escuchar lo que sucede al rededor y, por ende, a ellos mismos. Se han convertido en robots que quieren lograr la felicidad por medio del ensimismamiento y la falta de atención. Ya no importa gritar porque nadie escuchará. Sólo queda dirigir la mirada hacia la oscuridad vertida de sonidos por la noche y la nada.